Colonialismo inverso o recíproco.

Por: Fernando Jeannot.

     Es recíproco, porque se refiere a flujos culturales registrados simultáneamente tanto en los ámbitos colonizados como en los colonizadores.

      La mundialización económica es una etapa actual y posterior a la de las economías cerradas, caracterizada por la intensificación de los intercambios internacionales, la deslocalización de las empresas y la unificación de los mercados financieros, todo ello instrumentado por las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. La mundialización cultural; a su vez; no es solamente un proceso artefactual destinado a los mercados virtuales, tal como viene de ser presentado, sino también una reconfiguración de la convivencia mediante la transformación psicológica del tiempo y del hábitat que corresponden a la vida cotidiana de los individuos (Anthony Giddens “Un mundo desbocado”).

     El gran desafío de la mundialización económica, política y social es cómo deben y pueden vivir juntos los diferentes tales como las personas colonizadas o colonizadoras.

     El colonialismo inverso o recíproco se refiere a un fenómeno donde las culturas y productos de países anterior o actualmente colonizados influyen en las naciones colonizadoras durante la mundialización económica, política y social basada en las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones; particularmente la inteligencia artificial.

     Es posible evaluar sintéticamente a la vasta significación del colonialismo inverso o recíproco, mediante diversos ejemplos en materia de racismos, de ideologías del mestizaje o el criollaje, de los colonialismos unilaterales o recíprocos, de los procesos de alterización o de reconocimiento del otro;  sea este un individuo o una comunidad; de cultura popular, de migraciones o de relaciones internacionales. A continuación, seleccionamos a la identidad nacional como fundamento de las relaciones internacionales en el mundo de las naciones del siglo 21 influenciadas por el colonialismo recíproco.

     La alegoría del Albergue Español conduce a repensar la identidad nacional. El filme « El albergue español» de Cédric Klapisch en 2002, representó un concepto innovador de la misma. Tal película mostró   la cotidianeidad de tres estudiantes de diferentes nacionalidades cohabitando juntos una misma vivienda. Fue una ilustración de cómo repensar a la identidad nacional en el siglo 21 de España, de Bolivia, de Tombuctú, de Somalilandia, o de cualquier otro país.

     Recordemos que la identidad es una creación de la propia personalidad mediante un proceso de socialización; la cual reúne a los rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás.

     Identificación cuyo punto de partida es la identidad entendida como una y solo una vinculación neuronal determinada en el modelo mental circunstanciado de un sujeto en particular, o de una colectividad nacional.

     Desgraciadamente y en nuestros días, ha renacido uno de los engendros ideológicos de peor calaña, tal cual es el nacionalismo como una ideología que otorga a la nación el carácter de único referente de la identidad individual o colectiva. Los principios básicos de este nacionalismo excluyente son: (a) soberanía nacional absoluta, pero no relativa, (b) etnocentrismo racista, (c) coincidencia fundacional de las fronteras con la nación, pero no delimitación imaginaria de un territorio.

De peor calaña, porque condujo a los holocaustos de 1914 y 1939, y conduce a las guerras de diferentes intensidades que asolan al planeta hoy en día.

     En las antípodas del nacionalismo excluyente de la peor calaña, está el nacionalismo cosmopolita (Ibidem) resultado de la mundialización económica, política y social; en el cual tiene lugar una nueva ciudadanía global o cosmopolita. Este ciudadano; eventualmente colonizador o colonizado;  puede no compartir categoría étnica, gustos, hábitos o cultura con sus connacionales, pero sí comparte la obediencia constitucional. Es parte fundamental de la democracia dialogística que tanta falta nos hace para combatir a las dictaduras de todos los colores.

     La civilización del colonialismo recíproco conduce al encuentro de las civilizaciones; mientras que la doctrina del autoritarismo identitario hace lo propio con el desencuentro de estas. Si caracterizamos a las dos partes del colonialismo recíproco como enemigas y productoras de víctimas y victimarios, le cerramos el paso a cualquier clase de reciprocidad, al mismo tiempo que le franqueamos el paso al desencuentro de las civilizaciones.

Postular chivos expiatorios como los Reyes Católicos y Cristóbal Colón conduce al desencuentro de las civilizaciones.

Por otra parte, y en “Amérique, continent indigène”, Pekka Hämäläinen (2025), estudió la historia cultural de los indígenas norteamericanos. Entre otros asuntos, se detuvo en analizar sus lazos parentales como manera propia de configurar una organización del poder social. Estas relaciones parentales reposaron en matrimonios entre individuos de diferentes naciones, o en Blancos con Negros; es decir, en diversos contrayentes colonizados o colonizadores.

La adopción, generalmente violenta, se completaba con rituales religiosos que consagraban la integración del miembro recién llegado. Estas vinculaciones de la familia extensa “permitían construir una infraestructura poderosa destinada a incorporar a extranjeros, compartir el trabajo, y reforzar la lealtad al grupo para establecer un sentimiento de identidad compartido” (Ibidem), el cual hizo posible una estructura de poder donde los dominados internalizaban la pauta de dominación para diseñar a la identidad del caso en compañía de los dominantes.

Mediante este y otros temas de la cultura indígena en Norteamérica estudiados por Hämäläinen, se viene abajo la narrativa nacionalista de la colonización del oeste como hazaña patriótica y ejercitada sobre víctimas indígenas. Los Cheroquis, los Siux, los Iroqueses, no fueron ningunas víctimas, sino verdaderas potencias en determinadas circunstancias de tiempo y lugar; quienes no se limitaron a resistir el colonialismo blanco, sino que lo enfrentaron sabiéndose reconstruir a través de pestes, masacres y un capitalismo salvaje venido del este en su época de acumulación primitiva y originaria.  

Hasta el día de hoy es pertinente un colonialismo recíproco; nadie dijo equilibrado; con sendas repercusiones en la identidad nacional. Es indispensable y urgente reconstruir conceptualmente al colonialismo para conocer la verdad de nuestras identidades y; por esto; situar correctamente al análisis de la dinámica histórica de las nacionalidades.

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