El aggiornamento húngaro.

Por: Fernando Jeannot.

            En 2009, la economía húngara resintió fuertemente la crisis mundial causada por los banqueros estadounidenses en un ambiente internacional incierto, el cual fue el caldo de cultivo para el ascenso populista de Víctor Orbán.

        Desorientados y confundidos por la zozobra del momento, los húngaros se ilusionaron con tal emergente político; porque no previeron que se transformaría en el jefe de fila de los cazadores de rentas y, por lo tanto, en enemigo declarado del bienestar general.

Hace 17 años, Orbán recibió una economía sumamente vulnerable de acuerdo a sus altos endeudamientos y déficits fiscales, así como con el bajo crecimiento del producto nacional. En cifras: deuda pública externa = 80% del PIB; déficit fiscal 9% del PIB; crecimiento anual negativo = (-6%). Estos parámetros se complementaron con un desempleo del 11% de la P.E.A. y una inflación alta de 4.2% del I.P.C; alta porque comparada con las de sus vecinos europeos: Alemania: 0,3% y Austria: 0,5%.

        La economía rentista de Orban fue salvada del desastre por lo grandes y generosos subsidios europeos; es decir: que la mejoría posterior a 2009 fue originada en tales subsidios, pero no en la pericia administrativa de Víctor y su staff de gobierno. Cristalizada en el viejo y obsoleto concepto de soberanía nacional, Europa no discriminó a las economías rentistas improductivas (Hungría de Orban), de las competitivas basadas en las ganancias de productividad (Alemania y otras).

        En 2009 cuando Orban llegó al sillón presidencial, Víctor no había inventado la monserga del iliberalismo, mientras que la UE padecía del modelo mental main current economic propio de la teoría neoclásica. La interacción de ambos perfiles ideológicos hizo que el buenismo de la UE creyera que la Hungría de Orban debía ser subsidiada sin importar que fuera rentista y dominada por la oligarquía del mismo género. Lo que estamos diciendo, es que la UE fue cómplice de la degradación del estado de derecho, de la corrupción, y del estancamiento ricardiano ocasionados por el dominio rentista de la nación cíngara.

        En 2026 y antes de perder las elecciones, se previó que el crecimiento del PIB cerrará el año con 2.3%; siendo que en 2024 y 2025 fue prácticamente 0. La inflación se mantuvo en 3.6%; el desempleo alrededor de 4%, lo cual no esta tan mal; pero, en cambio, déficit y deuda tienen luz roja: déficit de finanzas públicas 2026 = 5.2% del PIB superior al 3% aconsejado por la buena administración macroeconómica; y deuda pública del 75% del PIB superior al 60% también recomendado por las calificadoras internacionales. Ambos (déficit público y deuda) fueron destinados a empobrecer al Estado populista para enriquecer al sector privado cazador de rentas, aplicando un criterio de política liberal tradicional, para nada iliberal.

        Lo más grave del escenario Orban antes de Magiar, es la falta de influjo suficiente de inversiones extranjeras en una economía como la húngara, la cual no tiene capacidad de ahorro interno. Ahorro interno de las empresas en 2009 aproximadamente 25% del PIB y en 2025 antes de Magiar 27%, con lo cual el proceso ahorro/inversión se hace totalmente dependiente de la IED foránea porque y para evidenciar capacidad de autofinanciamiento debería situarse en el 43% tal como sucede en China, o en el 36% de Indonesia; en todo caso entre 30 y 40%. En 2009, la IED representó 76% en stock del PIB, mientras que en 2026 antes de Magiar, solamente el 58%. La misma IED y en 2009, tuvo un influjo o entrada neta de 3% del PIB; y en 2026 antes de Magiar, un exflujo o salida neta de 16% del PIB.

Durante la gestión 2010 a 2026 de Víctor Orbán, Hungría mostró un ahorro interno bajo para financiar la inversión interna y una fuerte dependencia de la IED foránea, cuya desconfianza del gobierno derechista le justificó buscar otros destinatarios para sus recursos. Para los inversionistas transnacionales, no es una condición de atractividad suficiente que el gobierno sea de derecha; y tampoco para el paneslavista Putin; abundantemente alabado por Víctor O; quien no vio, no escuchó, ni habló de la imperiosa necesidad inversora de su pupilo. Orban lega a Magiar una economía en estancamiento ricardiano con inversión interna o externa francamente insuficientes; es decir: con el motor económico descompuesto.

        La estructura artefactual húngara se caracteriza no solo por una extrema desigualdad de ingresos, sino también por una creciente desigualdad de riqueza. El 10 % de la población posee el 72 % de los activos del país, mientras que el 50 % más pobre posee solo el 5 %.  El 1 % más rico detenta el 34% de la riqueza familiar. Víctor y sus amigotes reciclaron con enjundia a esta inequidad económica, política y social

Ocho de los diez húngaros más ricos son compadres de Orbán y capitalizan en el patrimonio propio al índice de corrupción más alto de la UE. Esta economía recibió 71 MM de dólares de la UE durante 16 años de administración Orbán, con el resultado de que, por lo menos, 1/3 de estos fondos acabó en los bolsillos de 13 oligarcas rentistas.

Magyar debe implementar medidas de política económica rápidas y profundas para neutralizar al sabotaje de los partidarios del FIDESF orbanista. De acuerdo a la experiencia internacional, debe asumir sin ambages la misión de sanear al estado de derecho en forma nítidamente prioritaria y eficiente, porque esta reforma constituye el hilo de la madeja; si no lo hace, el ovillo orbanista lo devorará.

Deja un comentario