Nacionalismo e identidad nacional.

Por: Fernando Jeannot.

El nacionalismo es una ideología que otorga a la nación el carácter de único referente de la identidad. Sus principios básicos son: (a) soberanía nacional, (b) etnocentrismo, (c) coincidencia de las fronteras con la nación.

La identidad nacional es una construcción ideológica compuesta por rasgos culturales, históricos y simbólicos, la cual distingue a una nación.

Los conflictos suscitados por el nacionalismo y la identidad nacional son luchas, enfrentamientos, oposiciones entre entidades sociales.

Toda comunidad imaginaria de las naciones es una construcción ideal basada en mitos, narrativas, símbolos, usos y costumbres.

Se internaliza la pauta nacional cuando los individuos componentes de la sociedad incorporan en su mente a la norma de conducta acorde con el nacionalismo y la identidad nacional correspondientes.

El nacionalismo es una ideología que otorga a la nación el carácter de único referente de la identidad partiendo del principio de que el gobierno toma sus decisiones de manera autónoma con respecto a las otras naciones; para lo cual es necesaria una dosis de etnocentrismo adecuada en algunos casos y exagerada en otros. En el mundo de las naciones, es indispensable profesar la creencia de que las fronteras coinciden con la nación propia. Así, cualquier nacionalismo abre una puerta al panegírico identitario.

En este siglo populista que nos tocó vivir, el nacionalismo populachero rechaza al multiculturalismo en aras de la exaltación tradicionalista, con lo cual se acerca infinitesimalmente al nacionalismo identitario. En los populismos de derecha, profiere la exaltación racista; y en los de izquierda, practica con denuedo el asistencialismo.

El Síndrome de la Medusa representa la imposición de una identidad considerada como la única auténtica, no obstante que la enfermedad correspondiente es el nacionalismo identitario. Esta plaga intrínseca en la marea blanca, llega a ser una amenaza de todas las democracias realmente existentes, en especial de una que es de las más antiguas y menos malas; o sea la del Reino Unido.

La identidad nacional pone en acto la acción social creyente y tradicional propia de la cultura nacional. De acuerdo a la marea blanca en el mundo (blanca por neo nazi y neo fascista) cada vez más arriba a forjar conciencias nacionales mediante modelos mentales compartidos y emergentes hasta dominantes; los cuales resucitan a Hitler y a Mussolini. Por su parte, la marea rosa (rosa por neo socialista) descendiente hasta derrotada, deviene incapaz de fomentar la identidad plurinacional más allá de algunas capillas intelectuales.

Mal que les pese a los identitarios, toda comunidad nacional contiene una pluralidad de identidades significativas, en todo caso deducidas de la secuencia histórica del país; quienes no surgen solamente de las tradiciones, sino que se crean y recrean con independencia de las mismas; por ejemplo: a partir de las alucinaciones propias de un momento histórico.

No siempre la identidad nacional precede al nacionalismo; ya que en determinadas ocasiones, es el nacionalismo el que construye y moldea la identidad nacional mediante políticas públicas, educación y símbolos patrios. Nacionalismo e identidad nacional representan una dupla orgánica que moldea la arcilla de la mentalidad vernácula con la garra del nacionalismo, o con la zarpa de la identidad nacional.

Los conflictos suscitados por el nacionalismo y la identidad nacional son luchas, enfrentamientos o rivalidades entre el nacionalismo cosmopolita y el identitario; oposición entre la guerra civilizacional y el diálogo de las civilizaciones; entre la democracia y la autocracia; y entre el determinismo y el relativismo histórico.

Para ser breves, comentamos solamente el primer conflicto indicado. El nacionalismo cosmopolita es el resultado de la mundialización que tiene lugar en una nueva ciudadanía global o internacional. Este ciudadano puede no compartir categoría étnica, gustos, hábitos o cultura con sus connacionales, pero sí comparte la obediencia constitucional. El nacionalismo cosmopolita se pone en acto mediante ciudadanos mundiales que decretan caduca la noción de extranjeros y, por esto, evidencian que todos somos extranjeros descendientes de los migrantes de 1700, 1800, 1900 o 2000.

En cambio, el nacionalismo identitario es un nuevo nacionalismo tendiente a reformular la ideología correspondiente (el nacionalismo es una ideología de la nación) suplantando al nacionalismo por el patriotismo como apego visceral al terruño desplegado en tres dimensiones espaciales: (1) regional en tanto que patria entrañable; (2) nacional en tanto que patria histórica; y (3) multinacional en tanto que patria civilizacional.

Por naturaleza, el nacionalismo identitario se opone al pluralismo compuesto por la democracia dialogística donde actúan los líderes consensuales y donde prevalece el nacionalismo cosmopolita funcionando en una economía abierta destinada al progreso competitivo. Al contrario del nacionalismo identitario, el pluralismo asume la tarea de vincular a los hombres con los hombres, de integrarlos; pero no de enfrentarlos, o; menos aún; de excluir algunos en nombre de la identidad de otros.

Toda comunidad imaginaria de las naciones es una construcción social basada en mitos fundadores y contemporáneos, la cual idealiza a la delimitación territorial del país mediante narrativas reales o ficticias, símbolos patrios, usos y costumbres locales, regionales o nacionales. Idealiza porque no es el territorio quien engendra a los hombres, sino estos quienes fabrican el territorio con actividades agropecuarias, reforestando, construyendo puentes y caminos o plantando postes de internet. También dibujan el perímetro de las ciudades dentro de un proceso social constructor de aglomeraciones urbanas en general y ciudades en particular. Habitualmente, la comunidad imaginaria se construye a partir de las creencias asumidas por los proceres nacionales más o menos intelectuales y/o los líderes de opinión más o menos perspicaces.

Se internaliza la pauta nacional cuando los individuos componentes de la sociedad incorporan en su mente un resultado de la convergencia entre el nacionalismo, la identidad nacional, los conflictos internos o externos, y la comunidad imaginaria. En todo caso, es una convergencia plural; pero identitaria solamente para el neo nazismo o para el neo fascismo.

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